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Monasterio de Santa Paula

Causa de Canonización Madre Cristina de la Cruz

Oración a la Madre Cristina de la Cruz (para uso privado):

Oh Dios, que concediste a tu sierva Cristina el don de una vida monástica consagrada a tu alabanza, a la oración, al trabajo, al estudio amoroso de las Sagradas Escrituras y al servicio de los demás.
Haz que, siguiendo el ejemplo de tu sierva, vivamos nuestra fe con espíritu de oración y servicio, y si es tu voluntad, concédenos por su intercesión, las gracias que te pedimos... y ayúdanos a buscar y aceptar tu voluntad divina en todos los momentos de nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

(Padrenuestro, Avemaría, Gloria)

Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión de la Sierva de Dios o quiera participar en su causa lo comunique a través de esta web, en la que, a continuación publicamos algunos de los mensajes de apoyo recibidos:




  Comunidad de Monjas Jeronimas de Santa Paula.

Queremos invitaros a todos aquellos que ya conocéis a Madre Cristina y a los que, a través de estas notas vais a empezar a conocerla, vuestra colaboración en esta causa de beatificación
 
     
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Primeros años
La Madre Cristina de la Cruz, en el siglo María Cristina de Arteaga y Falguera, nació en Zarautz  (Guipúzcoa) el 6 de septiembre de 1902. Era la cuarta de los nueve hijos que tuvieron don Joaquín de Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana entonces, y después duque del Infantado, y doña Isabel Falguera y Moreno, condesa de Santiago.

La relación de este matrimonio con la Casa Real española hizo que la Reina María Cristina apadrinase a Cristina en el bautismo de ahí que le pusieranel nombre de la regia madrina.

En el hogar paterno recibió Cristina una esmerada educación cristiana. El buen ejemplo y la sentida y asidua práctica religiosa de los padres, marcaron en ella una fuerte religiosidad.

Se examinaba por libre en el Instituto de San Isidro donde con máximas calificaciones terminó los estudios de bachillerato con 15 años. Desde la más tierna edad se sintió atraída por la lectura, la escritura y la oratoria.





Juventud
Una nueva y brillante etapa se abrió para Cristina cuando entró en la Universidad Central de Madrid a estudiar la carrera de Ciencias Históricas. Terminó la licenciatura en el año 1920 con premio extraordinario y le concedieron la Gran Cruz de Alfonso XII por su brillante expediente académico. También le dieron premio extraordinario por su tesis sobre El Venerable Don Juan de Palafox y Mendoza, en 1926.

Durante esta etapa juvenil, Cristina tuvo una vida social e intelectual muy activa: militó en la Confederación Católica de Estudiantes y daba con gran éxito mítines y conferencias en Madrid y en otras provincias al lado de los mejores oradores de la Confederación. En la Acción Católica fue nombrada presidenta. Publicó en 1924 el libro de poesías Sembrad, que fue prologado por Antonio Maura.

Vocación religiosa
Los triunfos que iba alcanzando Cristina en su juventud por los que era muy admirada, y  por los que los jóvenes la festejaban y pretendían, no llegaban a satisfacer sus inquietudes; se encontraba, según sus palabras “queriendo casarme y viendo que no lo quería Dios”.

Empezaba a comprender y a ver como una realidad, posible e inmediata, la vocación que sentía desde temprana edad, como lo deja reflejado en unos esquemáticos apuntes: “Vocación que casi precede a la razón. O monja o bailarina. […] Me cierro. Intimidad con Jesús. La Primera Comunión. Promesa de pertenecerle. Cómo hablaba con él en la capilla de la abuelita (mi confidente). […] Viaje a Roma. En el llamamiento del Aventino.

Después de consultarlo con confesores y directores espirituales, y segura de su vocación, entra en la abadía benedictina de Santa Cecilia de Solesmes el 16 de julio de 1926. Pero no le resultó bien este intento de vida monástica, ya que poco antes de tomar el hábito tiene que salir debido a una enfermedad de carácter psíquico que la tuvo postrada y enajenada durante unos seis meses.

Ya recuperada en otoño de 1929 se entrevista en París con el Abad de Solesmes quien le indica que vuelva a España y en oración, recogimiento y estudio, esperase se manifestara la voluntad divina. Vuelve resignada a casa de sus padres, confirmándose así lo que le había dicho el Padre Rubio: que Dios la quería  monja pero en España.

El fracaso de ese intento monástico estaba claro, pero ella no perdió la esperanza de la vocación monástica que sentía, e intensificó el plan de vida que a raíz de su curación se había trazado: se dedicó con ahínco a la oración y a la penitencia; se apartaba de la vida social propia de su clase y juventud; vestía con discreción y de negro; se entregaba de lleno al estudio y a la investigación histórica.
Vocación jerónima
Desechado el retorno a Solesmes, Cristina buscaba el lugar donde Dios la quería para vivir en clausura monástica. Siguió con muchas consultas y luchas y fue el 11 de mayo de 1931, cuando en casa de su amiga Teresa Igual, tomó contacto con dos monjas de la Concepción Jerónima de Madrid, que se encontraban refugiadas allí. También se encontraba allí don Cipriano Martínez Gil, el Capellán de las monjas, que luego se convertiría en el director espiritual de su alma.

Cristina entra en al Concepción Jerónima el 28 de octubre de 1934 y toma el hábito el 29 de abril de 1935. Superadas las dificultades propias de la vida religiosa (horarios, comidas, vida común, obediencia…) y decidida a consagrarse a Dios, pidió por escrito al Visitador la primera profesión que tuvo lugar el 18 de mayo de 1936.

Dos meses habían transcurrido de su profesión cuando el 18 de julio de 1936 estalla la guerra civil española y las monjas de la Concepción Jerónima se vieron obligadas a abandonar el monasterio el día siguiente. Poco después el convento fue convertido en cuartel de la brigada Lister. Le tocó pasar de una a otra casa hasta terminar en la Embajada de Argentina. Por fin con el Embajador de Argentina viajó en coche a Alicante y el 6 de enero de 1937 se embarcó hacia Marsella y de allí pasó a Biarritz para reunirse con su madre y hermanas.

Pero poco tiempo pasa con su familia ya que el Padre Torres y unos amigos planifican un viaje a Sevilla e invitan a Cristina a que los acompañe. Estando allí visitan el monasterio de Santa Paula y las monjas la acogieron con gran amor y el Padre Torres la anima para que entre en este monasterio.

Poco duró la tranquilidad de Santa Paula ya que en febrero de 1938 enferma, y tiene que salir con urgencia para someterse a una intervención quirúrgica en San Sebastián.

La operación fue bien pero la recuperación, que la pasa en casa de sus padres, fue lenta. Todo ese año dice que fue feliz en medio de los sufrimientos, dedicada al silencio, a la oración y a la clausura en casa.

En enero de 1939, estando sor Cristina todavía convaleciente en casa de sus padres en Lazcano, la visita monseñor Gaetano Cicogniani, entonces Administrador Apostólico cerca del gobierno de Franco, y después Nuncio Apostólico en España. Venía a hablarle de la misión especial que el Papa Pío XII le había encomendado acerca de las monjas de clausura. Quería enterarse de la situación en que estaba nuestra Orden. Sor Cristina recibió esta visita como una consigna de lo Alto.

El retorno a Sevilla y la transfiliación a la comunidad de Santa Paula fue expresa voluntad de la jerarquía. El señor Nuncio en persona fue a darle la noticia. Entra en la clausura en la fiesta de la Epifanía del Señor de 1942. Y la profesión solemne tan retrasada por los años de guerra y de enfermedad, la hace el 9 de mayo de 1943. Con la profesión solemne, sor Cristina adquirió todos los derechos y obligaciones de la Orden Jerónima y las monjas en la primera oportunidad que tuvieron la eligieron Priora de Santa Paula el 20 de abril de 1944, cargo que ocupó hasta su muerte. Ya Priora de Santa Paula, emprendió la tarea de elevar la vida espiritual, la formación y las observancias monásticas de las monjas, sin olvidar la restauración de las dependencias monacales y la organización del trabajo.

En el resurgir de Santa Paula de Sevilla, la madre Cristina no se olvidó de los otros monasterios de la Orden. El señor Nuncio la había mandado a Sevilla precisamente con la misión de levantar la vida de los monasterios de la Orden jerónima y crear entre ellos una federación para una mutua ayuda, y ella desde el primer momento quiso ser fiel a este encargo. Federación que empezó a existir antes de ser constituida como tal, lo que tuvo lugar en septiembre de 1958. El 25 de septiembre en el Primer Capítulo General de la Federación es elegida Priora General, siendo elegida en sucesivas elecciones hasta su muerte.

Una de las obligaciones que la madre Cristina tenía como Priora General de la Federación era visitar los monasterios dos veces durante cada sexenio. Las actas de las visitas revelan el espíritu de entrega, humildad, fe, caridad y estrecha unión con Cristo que tenía la madre Cristina. Esto quedó reflejado también en los escritos que la Madre dejó en cada monasterio, y en la memoria que guardan las monjas de su convivencia con cada comunidad.

Actividad intelectual
La madre Cristina consideraba que el trabajo intelectual, a ejemplo de san Jerónimo y la tradición de la Orden jerónima, también formaba parte de la vida y del trabajo monástico jerónimo. Por ello siguió con la pluma en la mano como un medio monacal para santificarse y ofrecer al mismo tiempo a los demás el fruto de ese trabajo. Prueba de ello son los libros que escribió, los discursos que pronunció, artículos en revistas (como por ejemplo en “Vida Sobrenatural”), participación en semanas monásticas, etc.

Fue nombrada miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Madrid en 1944 y de Buenas Letras en Sevilla en 1967, y numeraria en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla en 1973. También fue nombrada hija adoptiva de Granada y tuvo otras menciones y premios.

Vida espiritual y monástica
La madre Cristina estuvo marcada por una fuerte espiritualidad contemplativa. En el claustro monacal encontró el lugar propicio que ansiaba. Para ella la oración litúrgica era algo fundamental, la cuidaba, la vivía y quería que fuese el centro de la vida monástica. Quería que el oficio coral y las celebraciones litúrgicas se hiciesen sin prisa, con solemnidad, con canto. «Nuestra oración –decía a sus hijas- debe ser fundamentalmente litúrgica, ha de apoyarse en el Oficio divino primorosamente ejecutado y cantado, no nos cansemos de tender a esta perfección, de alimentarla con el estudio y la lección de las Sagradas Escrituras, sobre todo del Evangelio y los salmos y así brotará la oración amorosa que debe envolver toda nuestra vida, el cultivo de la presencia de divina que aureola y santifica nuestro trabajo».

A la oración litúrgica y como un complemento inseparable, unía la oración personal. Pasaba horas y horas en oración. Esta práctica de oración la inculcaba mucho en sus hijas, nunca se cansaba de inculcarles estos ratos personales de intimidad con el Señor.

Vivió entregada para elevar la vida monástica jerónima. Los monjes y monjas que acudían a ella y aún sin acudir, guardan buenos recuerdos de su mucho amor por la Orden y por sus miembros. También la madre Cristina extendió su amor monástico a otras familias religiosas, ayudando a los religiosos y religiosas que solían acudir a ella buscando consejo u otros menesteres.

Las monjas apreciaban la veneración y amor que sentía por la Iglesia y por el Romano Pontífice, aconsejándolas que siempre siguiesen las directrices del Papa y caminasen fieles a su Magisterio.

La madre Cristina murió el 13 de julio de 1984 en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla. Murió como había vivido, amando y aceptando la voluntad de Dios. “El dolor será fecundo”, fueron unas de sus últimas palabras.

Proceso de Canonización

La madre Cristina fue considerada en vida como una monja de grandes virtudes, de mucha espiritualidad y de observancia monástica. Por considerarla como un modelo de virtudes a imitar y por ello un estímulo para las monjas y monjes jerónimos, y para las almas consagradas, así como para los aspirantes a la vida monástica y contemplativa, se abrió el Proceso de Canonización el 28 de mayo de 2001. El 15 de septiembre del 2009, en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla, se clausuró el Proceso Diocesano sobre la vida, virtudes y fama de santidad de la sierva de Dios Madre Cristina de la Cruz, y estuvo presidido por el Sr. Cardenal D. Carlos Amigo Vallejo. En dicho acto se cerraron las tres cajas con toda la documentación recogida sobre M. Cristina. Una de esas cajas se llevó al Arzobispado de Sevilla y las otras dos viajaron a Roma en noviembre de ese mismo año.

La clausura no se podría haber llevado a cabo sin la inestimable y desinteresada ayuda y dirección de D. Teodoro León Muñoz, Promotor de Justicia del citado Proceso, Delegado para la Causa de los Santos y Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla.

En marzo del año 2010 tuvo lugar en Roma la apertura de las cajas, y con este acto quedaba abierto el Proceso en el Vaticano. El Postulador que lleva la Causa es el Padre Javier Carnerero Peñalver, Procurador y Postulador General de la Orden Trinitaria.

Actualmente se están ampliando algunos testimonios y declaraciones. Roguemos a Dios para que pronto la veamos en los altares.