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Monasterio de Santa Paula

LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO

San Jerónimo es conocido como Padre y Doctor de la Iglesia latina y como traductor de la Biblia al latín, la Vulgata. Pero es menos sabido que fue monje y fundador. Pues «en rigor es él el primer monje occidental, el más laborioso y el más metódico de los cenobitas. Su misión fue organizar el movimiento, encauzándolo hacia el estudio de los libros santos» (Fray Justo Pérez de Urbel).

En efecto, Jerónimo fue escriturista, erudito, hagiógrafo, moralista, psicólogo, polemista, literato, sacerdote; pero ante todo, monje. Y no un monje cualquiera. Y es que él fue el gran enamorado de Cristo, que puso todo su empeño en conocerle más y más, y mejor imitarle. De aquí los dos grandes ideales a los que dedicó toda su vida: la Sagrada Escritura y la vida monástica.

Después de haberse impregnado de toda la sabiduría clásica y de haber sufrido en el desierto un duro aprendizaje de oración, penitencia y meditación asidua de la ley del Señor, que le purificó y capacitó para transmitir el mensaje evangélico, esbozó en Roma e instituyó en Belén, a mediados del siglo IV, en los monasterios construidos por Santa Paula Romana, un «género de vida celestial». Suya es la «inspiración originaria» que da nombre a nuestra Orden y a la que debemos remontarnos siempre para buscar la savia del tronco en sus raíces. Su vida y sus escritos nos han dejado el fundamento ascético y místico, bíblico y litúrgico de la Orden jerónima. Desde el año 386 hasta el 419 o 420 en que muere, es decir, durante treinta años, vive en Belén como cenobita. Se ocupa en orar, en trabajos bíblicos, en atender a la correspondencia, en acoger a los peregrinos y refugiados en la hospedería levantada por Paula, en enseñar a monjes y  monjas cuál es la verdadera vida monástica.  

Muerto San Jerónimo, su memoria persiste en su fama de santidad y en sus escritos. En cuanto a lo primero, ahí están para demostrarlo una serie de vidas antiquísimas que, aunque con muchos elementos legendarios, son válidas para confirmar nuestro aserto. Respecto a sus escritos, es interesante ver cómo se difundieron por el mundo a través de copias y más copias, de las que aún hoy se conserva un enorme arsenal a través de manuscritos esparcidos por un gran número de bibliotecas. Y tras la invención de la imprenta son muchas las ediciones que se hacen, bien de sus Obras completas, bien, principalmente, de sus Cartas.

Sus vidas difundidas y sus escritos  propagados fueron los medios de que se sirvió la Providencia divina para que, durante el siglo XIV, diversos grupos de hombres, en Italia y en España, con deseos de vida perfecta, intentaran vivir su carisma bajo distintos aspectos, y cuajaron en otros tantos institutos de vida religiosa o monástica.

Grupos de ermitaños italianos y españoles, estimulados por el anuncio profético  de Tomás Succio, de Siena, que hablaba de copiosas bendiciones del Espíritu Santo sobre una nueva orden que iba a fundarse en Castilla, se dispersan por distintos lugares de Castilla y Portugal, imitando el estilo de vida del sabio y penitente monje del siglo IV, San Jerónimo. Uno de estos grupos se instaló en El Castañar, cerca de Toledo, y a él determinó unirse, renunciando a cuantos bienes poseía, Fernando Yáñez de Figueroa, que de pequeño había sido llevado a la Corte y fue educado y criado juntamente con el príncipe heredero, quien le cobró gran amistad. Abrazó el estado eclesiástico y su amigo, ya rey, le proveyó de una canonjía en Toledo. Este hecho de retirarse a la soledad despertó el interés de muchos caballeros que, en ocasiones, no tenían otro fin que la mera curiosidad, pero en otras era un legítimo deseo de perfección lo que movía a no pocos de esos caballeros a acercarse al grupo en el que Fernando quedó constituido en cabeza espiritual de la naciente comunidad. Uno de esos caballeros que los visita fue Pedro Fernández Pecha, que desempeñaba cargos de importancia en la Corte (camarero de Enrique II de Castilla). Esta concurrencia de visitas llevó al grupo a buscar otro lugar más apartado donde poder ejercitar sin estorbos el género de vida que habían abrazado, por ello se trasladaron a la ermita de Villaescusa, en la provincia de Madrid. Pedro determinó unirse a ellos, y esto fue decisivo. El ejemplo de vida de estos solitarios fue congregando en torno suyo a no pocos que pretendían seguir su ejemplo y género de vida. Pronto quedó pequeño el retiro de Villaescusa y hacia 1367 decidieron trasladarse a la ermita de San Bartolomé de Lupiana (Guadalajara), propiedad de la familia Pecha.

Transcurren los años, y como también hizo San Jerónimo, deciden cambiar la vida eremítica por la cenobítica o de comunidad. Determinaron, pues, enviar a dos de ellos a Aviñón –donde residía el Papa- a solicitar de Gregorio XI la oportuna aprobación. Los elegidos para tal misión fueron Pedro Fernández Pecha y Pedro Román. Obtienen la bula Salvatoris humani generis el 15 de octubre de 1373, que puede considerarse como el documento fundacional de la Orden de San Jerónimo, en la que se les otorga la Regla de San Agustín y Constituciones propias, se les describe el hábito que han de llevar, se les concede la facultad para fundar cuatro monasterios y se les autoriza a que puedan llamarse frailes o ermitaños de San Jerónimo. Consta que días después, Gregorio XI impuso el hábito y recibió la profesión religiosa de Pedro Fernández Pecha –en adelante Fray Pedro de Guadalajara- y de su compañero. De vuelta en Lupiana se ponen en práctica las facultades obtenidas para transformar la ermita de San Bartolomé en monasterio, quedando erigido como el primer monasterio de la Orden de San Jerónimo.

Pero hasta el momento no existía la Orden de San Jerónimo como tal, ya que no había ninguna vinculación jurídica entre los monasterios, pues dependían de sus respectivos obispos u ordinarios. De común acuerdo se decidió acudir al Papa para solicitar la constitución de una Orden exenta, al estilo de otras órdenes monásticas ya existentes. Benedicto XIII otorgó la bula Licet exigente, el 18 de octubre de 1414 y en ella se determinaba que se celebrase un capítulo general en Guadalupe en el que se eligiese un prior que fuera Mayor de la Orden, así como el monasterio en donde dicho Mayor debía ser prior; se determine la periodicidad de los siguientes capítulos generales; …. Todo comenzó el 25 de julio de 1415. Se empezaron a elaborar las Constituciones, elaboración que prosiguió en los capítulos siguientes, hasta 1434. La historia sigue sus pasos y se fundan hasta 48 monasterios en España.
El siglo XIX se presenta sombrío para toda la vida religiosa. El ambiente liberaloide de las altas esferas de la política, el desconcierto y desorientación de un pueblo casi desgobernado, la honda escisión ideológica, las guerras civiles, en fin el caos que se cierne a lo largo de todo este tiempo se traduce en la vida religiosa de los monasterios y conventos en constantes salidas y expulsiones, hasta que llega la diáspora final. De 1808 a 1814 la francesada; de 1820 a 1823 el período constitucional, y en 1835 la desamortización definitiva. Las consecuencias son fatales para la Orden de San Jerónimo que, nacida en España y sin haber traspasado nunca las fronteras quedaba diluida en el anonimato. En estos momentos unos mil monjes formaban la población monástica de los 46 monasterios jerónimos que entonces existían.

Hubo dos intentos de restauración, uno en El Escorial (1854) y otro en Guadalupe (1884) por monjes exclaustrados, pero no llegaron a cuajar, tal vez por no poder contar, como en otras órdenes, con el apoyo de comunidades de fuera de España, dado que los jerónimos no salieron nunca de las fronteras españolas.
Faltaban pocos años para que se cumplieran los cien de inactividad exigidos por el Derecho Canónico para la extinción de una persona jurídica. Pero brotaron varias vocaciones con el designio de restaurar la Orden Jerónima en España. Era el año 1922. Don Manuel Sanz Domínguez, fervoroso caballero y amigo de la comunidad de la Concepción Jerónima de Madrid se presenta en dicho monasterio con el propósito de consagrarse al Señor y de intentar hacer resucitar la Orden de San Jerónimo. A partir de entonces empieza su andadura para llevar a cabo dicho propósito, que como se puede suponer no fue fácil. Obtiene el beneplácito de Pío XI y el 11 de agosto de 1925 llegan los nuevos jerónimos al monasterio de Santa María del Parral con una doble misión: restaurar la vida monástica y sacar al monasterio del estado ruinoso en que se encontraba (pues desde el año 1835 había dejado de tener vida monástica). Pero la República de 1931, la guerra civil de 1936-1939 y dificultades internas obstaculizan la marcha. Fray Manuel, ya sacerdote es detenido en Madrid, y muere asesinado en Paracuellos del Jarama (Madrid) en noviembre de 1936. Tiene abierto Proceso de Canonización como mártir.

Terminada la guerra, hay un florecer de vocaciones en España y entre ellas, un grupo de jóvenes a quienes atrae la vida contemplativa. Es en 1941, cuando el sacerdote don José Ortiz, al frente de un grupo de jóvenes, ponen manos a la obra y el 26 de febrero se hacen presentes en el monasterio. Tras momentos difíciles la restauración va consolidándose y llegan a restaurarse cuatro monasterios.

Actualmente existen en:
Santa María del Parral (Segovia)
San Jerónimo de Yuste (Cáceres)

Al tiempo que surgía la Orden Jerónima, un grupo de mujeres de santa vida, dirigidas por Dª María García, se retiraban en unas casas de Toledo para consagrar sus vidas a Dios en oración y penitencia. Alma de esta floración es fray Pedro Fernández Pecha que en el 1374 fundaba el monasterio de Santa María de La Sisla en las proximidades de la ciudad. Él las atiende, la orienta y les va perfilando su modo de vida en todo semejante a la recién fundada Orden de San Jerónimo. Este primer brote dio origen al monasterio de San Pablo “de beatas de San Jerónimo”, como se las comenzó a llamar, con gran fama de observancia y santidad. La Orden se hizo cargo de dicho monasterio hacia 1464, si bien no fue incorporado jurídicamente hasta el Capítulo general del 1510, cambiando entonces el nombre de beatas por el de religiosas. Tras estos comienzos fueron surgiendo otros grupos con el mismo deseo de constituirse dentro de la Orden de San Jerónimo, y la Orden los fue aceptando en los Capítulos generales correspondientes. 
Una veintena de monasterios de monjas emularon la vida que Santa Paula inauguró en Belén. Casi todos fueron fundados del siglo XV al XVII inclusive. La exclaustración aunque a las monjas no les afectaba directamente pero sin embargo sus monasterios sufren distintas vicisitudes que se agravan por no tener el apoyo de los monjes,  ni existir entre ellos dependencia jurídica. La mayoría van manteniéndose, unos mejor que otros, hasta encontrar un favorable refuerzo con la restauración de los monjes, y sobre todo con el fuerte impulso que promovió la M. Cristina de la Cruz al constituirse la Federación Jerónima de Santa Paula que une a todos los monasterios femeninos.

En la actualidad contamos con:

San Pablo (Toledo, 1464)
Santa Marta (Córdoba, 1464)
Santa Paula (Sevilla, 1475)
San Matías (Barcelona, 1475)
Santa María de la Concepción (Trujillo, Cáceres, 1478)
Santa Isabel (Palma de Mallorca, 1485)
La Concepción Jerónima (Madrid, 1504)
San Bartolomé (Inca, Baleares, 1530)
Santa Paula (Granada, 1540)
Santa María de la Asunción (Morón de la Frontera, Sevilla, 1568)
Nuestra Señora de los Remedios (Yunquera de Henares, Guadalajara, 1572)
Nuestra Señora de la Salud (Garrovillas, Cáceres, 1572)
Corpus Christi (Madrid, 1605)
Nuestra Señora de los Ángeles (Constantina, Sevilla, 1951)
Nuestra Señora de las Mercedes (Almodóvar del Campo, Ciudad Real, 1964)
Santa María de Jesús (Cáceres, 1975)
Nuestra Señora de Belén (Toral de los Guzmanes, León, 1990)
Mater Eclessiae (Punalur, Kerala, India, 2000)

Para ampliar conocimientos sobre la Orden de San Jerónimo se pueden consultar:

- PASTOR, Fernando, et alii, Guía Bibliográfica de la Orden de San Jerónimo y sus monasterios. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1997.

- VEGA, Fr. Pedro de la, Crónica de los frayles de la Orden del bienaventurado sant Hieronymo. Alcalá de henaares, 1339

-  SIGÜENZA, Fr. José de, Historia de la Orden de San Jerónimo. Madrid, 2 tomos (1600 - 1605), (1907 - 1909), Valladolid, 2000.

- SANTOS, Fr. Francisco de los, Quarta Parte de la Historia de la Orden de San Gerónimo Madrid, 1680.

- NUÑEZ, Fr. Juan, Quinta Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo (1676-1777). San Lorenzo del Escorial, 1999.

- TORMO MONZÓN, Elías, Los Gerónimos. Madrid, 1919

- REVUELTA SOMALO, Josemaría, Los Jerónimos. Una orden religiosa nacida en Guadalajara. Guadalajara, 1982.

- AA.VV., "Studia Hieronymiana". Madrid, 1973.

- AA. VV., La Orden de San Jerónimo y sus monasterios. Actas del Simposium (Septiembre 1999). San Lorenzo del Escorial, 1999

MADRID, Ignacio de, La Orden de San Jerónimo. Historia, Espíritu y Espiritualidad. Servicio a la Iglesia y a la Sociedad, en MATEOS GÓMEZ, Isabel, et alii., "El arte de la Orden Jerónima". Madrid, 1999, págs.7-40.

-IDEM., Las Monjas Jerónimas en España, Portugal y América, en "I Congreso Internacional del Monacato femenino en España, Portugal y América". León, 1993, págs.27-35.

- CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, f. Javier, Los Monasterios Españoles de Jerónimas en la historiografía oficial de la Orden, en "Fundadores, Fundaciones y espacios de vida conventual. Nuevas aportaciones el monacato femenino". León, Universidad de León, 2005, págs.131-162.

- RUIZ HERNANDO, José Antonio, Los Monasterios Jerónimos Españoles. Segovia, 1997.

Enlace: Orden de San Jerónimo