Causa Madre Cristina

Causa de Canonización Madre Cristina de la Cruz

 

Oración a la Madre Cristina de la Cruz (para uso privado):

 

Oh Dios, que concediste a tu sierva Cristina el don de una vida monástica consagrada a tu alabanza, a la oración, al trabajo, al estudio amoroso de las Sagradas Escrituras y al servicio de los demás.
Haz que, siguiendo el ejemplo de tu sierva, vivamos nuestra fe con espíritu de oración y servicio, y si es tu voluntad, concédenos por su intercesión, las gracias que te pedimos… y ayúdanos a buscar y aceptar tu voluntad divina en todos los momentos de nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

(Padrenuestro, Avemaría, Gloria)

Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión de la Sierva de Dios o quiera participar en su causa lo comunique a través de esta web, en la que, a continuación publicamos algunos de los mensajes de apoyo recibidos:

Madre Cristina

Primeros años

 

Cristina de la Cruz Arteaga, quien se convetiría en Madre Cristina con el paso de los años, nació el 6 de septiembre de 1902 en Villa Santillana, Zarauz. Su hermana María tenía entonces 3 años. Recibió el nombre de su madrina, la reina madre doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, Regente de España hasta aquel año. El bautizo fue el 12 de septiembre en Santa María la Real de Zarauz.

 

Nacida en el seno de una de las casas nobiliarias más importantes de España. Su padre, Joaquín de Arteaga y Echagüe, era el XVII Duque del Infantado. Casado con Isabel Falguera, condesa de Santiago, adquirieron ambos el cazadero de Viñuelas (a 25 km al Norte de Madrid) como finca de recreo. Viñuelas jugaría un papel muy importante en la vida de Cristina, y en la de la propia orden Jerónima.

 

El papel público del Duque del Infantado fue de gran relevancia en su época. Impulsor de la canalización del río Manzanares para llevar agua a la zona Norte de Madrid, invirtió parte de su fortuna en la obra, junto con otros inversores. A él se debe la presa de Manzanares y la red de suministro de agua llamada “de Santillana”, cuyas huellas están todavía presentes en algunas de las tapas de hierro de la capital de España. Durante el proceso adquirió el castillo de Manzanares el Real, que tuvo que restaurar, empezando por la cimentación.

Partícipe en la vida política, fue elegido en 1901 diputado a las Cortes por Zumaya. De ahí que tuviera una casa en la zona donde la familia pasaba temporadas: Villa Santillana. Mantuvo una estrecha relación con el rey Alfonso XIII.

 

Padre de familia numerosa, su hija Sofía nació en enero de 1904, y un año después lo haría su hijo Íñigo, en el mes de noviembre. En aquella época se mueven entre Zarauz, Madrid (donde tenían su residencia en un palacete en la plaza de la Independencia) y el castillo de Viñuelas. Una institutriz se encargaba de enseñarles francés e inglés.

 

La enseñanza pronto daría sus frutos. Cristina sería capaz de leer y escribir con 5 años. De Zarauz son algunos de los recuerdos más reveladores en cuanto a juegos infantiles. Entre ellos, Cristina recuerda cómo jugaban a misas, utilizando pétalos de flor blanca para simular la Sagrada Forma, y a monjas.

 

Siendo joven, en 1910, visitó por primera vez un convento de monjas de clausura por dentro. Un acceso que lograron por el privilegio de fundadores, que permitía acceder a esa clausura al duque del Infantado y la familia.

 

Su primera comunión es en 1911, año en el que el Papa promulgó un decreto que permitía a los niños de 7 años recibirla. La recibió en la iglesia del Sagrado Corazón de la calle Caballero de Gracia.

Juventud

 

Si por algo destacó Madre Cristina es por su nivel intelectual, y por sus diferentes estudios históricos. El origen de ello hay que buscarlo en la Semana Trágica de Barcelona en 1909. A raíz de ello su padre decidió que todos sus hijos se prepararan para un “futuro difícil”. Por ello intensificó el plan de estudios para obtener los títulos de bachiller y, posteriormente, acudir a la Universidad.

 

En 1918 comenzó sus estudios de Historia en la Universidad Complutense, en la calle San Bernardo. Sería de las pocas mujeres que iban a la Universidad esos años. Entre sus profesores se encontraron personas tan destacadas como Julián Besteiro y Claudio Sánchez Albornoz. Terminó su carrera en 1921. Con un premio extraordinario. Sería en estos años cuando brotó el primer amor, como la propia Cristina dejaría reflejado en su obra Sembrad, prologrado por Antonio Maura.

Vocación religiosa

 

Ella ya era consciente de que tenía vocación desde los 16 años, como más tarde contó a algunas monjas al ver una fotografía de esa época. No obstante, fue algo que no comentó con su familia, a excepción de su madre (es posible que lo comentara con ella) y quizá con su confesor, el jesuita padre Valera.

 

Por aquellos años compaginaba esa claridad de la vocación con la vida en sociedad, en una familia de clase alta, y un amor real. Según lo describen sus propias hermanas era un hombre muy atractivo, Grande de España y consciente de la obligación asociada a su nombre.

 

A pesar de ello, en 1923 inicia ya un camino serio de exigencia espiritual. Unos ejercicios espirituales con el padre José María Rubio marcaron ese cambio. Desde entonces empezaría a visitarle, cuando ya le expuso su intención de llevar una vida monástica.

Unos años después, en 1926 se empieza a plantear qué orden elegir, moviéndose entre el culto litúrgico y el nivel intelectual, lo que la hace busca una que incluya el estudio entre sus reglas. En el mes de mayo solicitó ayuda a su confesor para que le ayudara a decidir. A continuación, inició unos ejercicios espirituales en el colegio del Sagrado Corazón de Chamartín.

 

La orden benedictina cumple con los requisitos que ella consideraba. Por eso el 16 de julio se entrevistó con el padre abad de la abadía de Solesmes, y solicitó su ingreso un año después, acompañada de su amiga Teresa Igual.

 

No obstante, el Señor tenía otros planes y, tras unos meses, vería que la orden benedictina no era la adecuada. Días antes de la toma del hábito empezó a sentir un fuerte dolor de estómago, por lo que la superiora le mandó a su celda. Poco tiempo después, las monjas encontraron en el exterior, bajo su ventana, un crucifijo roto y chamuscado. Era el crucifijo que le había regalado su madre, fabricado en marfil. La propia Cristina explicaría más tarde que había visto al propio demonio y que le tiró el crucifijo, que cayó en el exterior.

 

Con fiebre y afectada su lucidez mental, fue trasladada a La Malmaison, un centro psiquiátrico cerca de Versalles. Tras estar allí una temporada, fue trasladada al Trianon Palace, en Versalles, y, finalmente, se mudó con su hermana María a Bagnèrs, un balneario de los Pirineos, cerca de Pau.

 

Ambas estuvieron allí hasta el 13 de junio, cuando se recuperó de forma repentina. Una recuperación que ya le había avanzado el padre Rubio a su hermana María en una visita. “Antes del día del Sagrado Corazón, Cristina estará buena”, le indicó. Y así sucedió. La fiesta se celebra el 19 de junio.

Vocación jerónima

 

La vuelta a la normalidad no debió resultar muy fácil para Cristina. Comprometida con su vocación, en ese momento decide no participar en fiestas, ni reuniones en casa que no sean recogidas o con amigos. Además, la ropa acompañaba también su compromiso. Por eso vestía de negro y, poco a poco, fue cambiando los trajes de modisto por otros más sencillos y austeros. Al mismo tiempo, iba organizando una vida de piedad con lecturas, catequesis, etc.

 

Durante esta época comienza la obra dedicada a la historia de su familia (La Casa del Infantado). Para ello dedicó muchas horas a investigar el archivo de Osuna e Infantado en la Biblioteca Nacional. Es durante este tiempo cuando se produce el fallecimiento del padre Rubio, no obstante, antes de su deceso aseguró a Cistina que sería monja, “pero en España”.

 

El propio sacerdote trabajaba en la restauración de la rama masculina de la Orden Jerónima. Es importante considerar que, según el Derecho Canónico, una orden se extingue por prescripción a los cien años de su desaparición efectiva. Los jerónimos estaban cerca de ese límite. Es importante destacar que la Orden daba mucha importancia a la liturgia y a los estudios, dos de los aspectos que Cristina consideraba como muy relevantes.

La orden jerónima se cruzaría en la vida de Cristina con la llegada de la II República y los ataques a iglesias y conventos. Un día, volviendo de Misa por la calle Velázquez se cruzó con dos monjas que le impresionaron vivamente. En seguida supo que eran jerónimas por su hábito, blanco y con el escapulario pardo, que en ellas estaba casi negro. Ambas pertenecían al convento de la calle Lista con Velázquez.

 

La propia Cristina contaría años más tarde que ese encuentro fue providencial, y entendió que Dios quería que dedicara sus esfuerzos a la recuperación de la Orden Jerónima. Tan importante fue ese día que durante toda su vida ofrecería una misa de acción de gracias cada 11 de mayo.

 

Para reforzar sus sentimientos, el mismo día coincidió con otras dos monjas jerónimas en casa de su amiga Teresa Igual, cuando fue allí a almorzar. En ella se encontraba también su capellán, Cipriano Martínez Gil (posteriormente mártir), quien empezó a llevar su dirección espiritual.

El 14 de septiembre de 1934, fiesta de la Santa Cruz, Cristina pide su admisión en el Convento de la Concepción Jerónima. Entró en la clausura el 28 de octubre, fiesta de Cristo Rey y tomó el hábito el 29 de abril de 1935, fiesta de Santa Catalina de Siena.

Un año después comienza la guerra civil, momento en el que las monjas del monasterio recibieron la orden de salir y dispersarse en grupos. Algunas de ellas recordarían como noches antes escucharon un coche rozando contra la pared del monasterio. Se trataba del vehículo que llevaba a Calvo Sotelo.

 

Tras unos contratiempos, Cristina recala en la casa de unas amigas que formaban parte de un grupo cercano a la Concepción Jerónima y al padre Cipriano. Pudo abandonar Madrid en la madrugada del Año Nuevo de 1937 camino de Alicante, donde tomaría un barco hacia Marsella. Finalmente alcanzó San Sebastián. Allí se reunió con su madre.

 

Sin embargo, no sería ese su destino final, sino que de allí partiría a Sevilla. Puesto que al ser una monja profesa debía incorporarse a un convento, se quedaría a vivir en el monasterio de Santa Paula, con el permiso del cardenal Segura, que ese mismo año fue nombrado arzobispo de Sevilla.

 

Pero los años de la Guerra los marcan, sin duda, el fallecimiento de sus hermanos Borja (en la ofensiva sobre Bilbao en 1937) y Jaime (en un accidente en el aeródromo de Tablada en 1938). La segunda noticia le supuso una impresión tan grande que le generó una complicación que provocó su traslado a San Sebastián, donde se encontraba el médico que la familia conocía bien (Ortiz de Urbina). Tardó 3 años en recuperarse por completo.

 

Reforma y reorganización de los monasterios jerónimos

Durante su convalecencia recibió una visita que marcaría la tarea de su vida: la reforma de la Orden Jerónima. El administrador apostólico Gaetano Cicognani se acercó a visitarla a Lazcano en enero de 1939. Su visita respondía al interés del papa Pío XII por conocer el estado espiritual y material de los monasterios de clausura, muchos de ellos muy empobrecidos.

 

El final de la Guerra Civil trajo consigo un resurgir de vocaciones. Así, el miércoles de Ceniza de 1941, 26 de febrero, el nuncio daba el hábito al padre José Ortí y 12 postulantes. Con ellos comenzaría la recuperación del monasterio del Parral en Segovia.

 

Al mismo tiempo y a solicitud del nuncio, Madre Cristina se encarga de la elaboración de un memorándum para realizar una federación de la Orden Jerónima. El propio nuncio le encargó que volviera a Sevilla, donde estaría su convento. Allí profesó el 9 de mayo de 1943, en manos del eminentísimo cardenal arzobispo, “que me otorgó, junto con otras hermanas, la consagración de las vírgenes, una de las que el Pontifical romano reserva a los obispos”.

 

El 1 de abril de 1944 fue elegida priora del monasterio de Santa Paula por primera vez, y no dejaría de serlo durante 40 años. Tres años después, el 3 de enero de 1947, falleció su padre en Madrid.

En septiembre de 1949 la Santa Sede le concede la visita de los monasterios andaluces. Una fecha que mantendrá siempre como relevante para la unidad de toda la Orden. Hay que recordar que el visitador es la persona encargada de mantener la disciplina y unidad entre las comunidades de una Orden.

 

El año 1950, Año Santo, marca el inicio de la Federación Jerónima. Se proclama el dogma de la Asunción y se promulga la constitución apostólica Sponsa Christi. Madre Cristina se ocupa de la redacción de las constituciones de varios monasterios. Para ello unifica textos antiguos, las directrices del Papa y el derecho vigente. Las constituciones quedaron terminadas en 1954.

 

Dos años después de finalizar la tarea, en enero de 1956, recibe la autorización para la visita de todos los monasterios de España, así como para convocar a prioras y delegadas para votar sobre la Federación. Esta fue aprobada por unanimidad en una reunión el 20 de mayo con el nombre de Santa Paula. Pío XII erigió y construyó la Federación de Santa Paula el 30 de julio.

 

El año 1963 reviste una gran importancia porque es en el que se ordena el primer jerónimo indio: fray José de Kerala. Se trata de una región de la India que mantiene la fe católica desde época apostólica, ya que en ella predicó Santo Tomás.

El Concilio Vaticano II

 

El Concilio Vaticano II trajo importantes modificaciones a la vida de clausura. Como consecuencia del decreto Perfectae Caritatis la Federación inicia una reforma para adecuarse a las nuevas disposiciones. Pasa todo ello por poner el acento de nuevo en oración, liturgia y lectura de las Sagradas Escrituras (ahora en lengua vernácula).

 

Otra reforma importante es la del sentido del trabajo, en una adecuación al espíritu del siglo XX. Las monjas siempre se habían dedicado al trabajo manual, considerado como necesario equilibrio para una vida interior intensa. Pero el objetivo ahora es hacer el trabajo más eficaz y práctico económicamente. Por eso empiezan a comercializar ese trabajo. Eso permitiría que las comunidades pudieran tener unos ingresos sin depender de donativos o rentas. Es una vuelta al lema jerónimo ora et labora con un sentido del siglo XX. Las horas de trabajo cobran una nueva dignidad, el silencio es más estricto y el sentido de oblación es más acusado.

 

La vida intelectual de la Madre Cristina no se reduce solo a la Orden Jerónima. En 1968 pronuncia su primera conferencia sobre vida contemplativa a petición del director del Colegio Universitario Hernando Colón. “Huertos cerrados de la Sevilla histórica y su sentido en el mundo de hoy” es el título. El mismo año fallece su madre, ya en edad avanzada.

 

Pocos años después, el 18 de octubre de 1973 se produce su ingreso como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla. Para ello se celebró una sesión pública en Santa Paula, conmemorando el centenario de la Orden.

 

Dos años después abre sus puertas el museo del monasterio. En esta exposición se incluyen antigüedades que recibió Madre Cristina como herencia, junto a las que ya existían en Santa Paula.

Los últimos años de su vida no estuvieron exentos de dificultades. Así, en 1979 se produce la separación de la Concepción Jerónima de Madrid de la Federación. Sin embargo, dos años después, el 14 de enero de 1981, llega la aprobación definitiva de los Estatutos en los que había empezado a trabajar al final de la Guerra Civil. Las Constituciones recibieron la aprobación definitiva el día 23.

Cumplida su misión, el 13 de julio de 1984, la Madre Cristina de la Cruz Arteaga falleció en el monasterio de Santa Paula. Meses antes había sido elegido priora federal.

Proceso de Canonización

 

La madre Cristina fue considerada en vida como una monja de grandes virtudes, de mucha espiritualidad y de observancia monástica. Por considerarla como un modelo de virtudes a imitar y por ello un estímulo para las monjas y monjes jerónimos, y para las almas consagradas, así como para los aspirantes a la vida monástica y contemplativa, se abrió el Proceso de Canonización el 28 de mayo de 2001. El 15 de septiembre del 2009, en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla, se clausuró el Proceso Diocesano sobre la vida, virtudes y fama de santidad de la sierva de Dios Madre Cristina de la Cruz, y estuvo presidido por el Sr. Cardenal D. Carlos Amigo Vallejo. En dicho acto se cerraron las tres cajas con toda la documentación recogida sobre M. Cristina. Una de esas cajas se llevó al Arzobispado de Sevilla y las otras dos viajaron a Roma en noviembre de ese mismo año.

 

La clausura no se podría haber llevado a cabo sin la inestimable y desinteresada ayuda y dirección de D. Teodoro León Muñoz, Promotor de Justicia del citado Proceso, Delegado para la Causa de los Santos y Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla.

 

En marzo del año 2010 tuvo lugar en Roma la apertura de las cajas, y con este acto quedaba abierto el Proceso en el Vaticano. El Postulador que lleva la Causa es el Padre Javier Carnerero Peñalver, Procurador y Postulador General de la Orden Trinitaria.

 

Actualmente se están ampliando algunos testimonios y declaraciones. Roguemos a Dios para que pronto la veamos en los altares.

Mensajes de Apoyo

Desde la Comunidad de Monjas Jerónimas de Santa Paula queremos invitaros a todos aquellos que ya conocéis a Madre Cristina y a los que, a través de estas notas vais a empezar a conocerla, vuestra colaboración en esta causa de beatificación