LA RUEDA DE LA CORONACIÓN DE LA BASÍLICA VATICANA

Ramón de la Campa Carmona

Academia Andaluza de la Historia

Pocos son los visitantes de San Pedro que reparan en un gran disco de pórfido rojo encastrado en el pavimento de la nave central poco después de la entrada. Es la famosa “rota porphyretica” “ruota dell’incoronazione”, proveniente de la vieja Basílica Vaticana, es decir, de la mandada edificar por el Emperador Constantino.

Fresco en San Martino ai Monti, Roma, del viejo San Pedro

Sobre esta piedra circular se ubicaban los emperadores cuando el pontífice le imponía su corona. Sobre esta grande “rota”, oportunamente conservada, se arrodilló el poderoso Carlomagno (742-814), Rey de los Francos, la noche de Navidad del año 800 y el Papa León III (795-816) lo coronó como Emperador Romano y como tal fue de hecho aclamado por todos los presentes), imponiéndole inopinadamente, de cara a la galería, sobre la cabeza la diadema imperial.

Grandes Chroniques de France Paris, BnF, département des Manuscrits, Français 6465, fol. 89v. (Second Livre de Charlemagne)

El Papa León, había sido quebrantado por numerosas afrentas por los romanos, que le habían vaciado los ojos y amputado la lengua, por lo que había implorado la ayuda del Rey. Por eso llegó a Roma con la intención de pacificar la situación de la Iglesia, sumamente perturbada, restablecer el honor pontificio, para lo que permaneció allí todo el invierno.

El historiador oficial Eginardo (ca. 770-840) presenta como improvisada esta coronación. En cualquier caso, Alcuino, Teodulfo, y otros personajes cortesanos habían allanado el camino para ello. Los poetas lo habían celebrado como “cabeza del mundo”, “augusto”, y “honor del pueblo cristiano”. Los acontecimientos de Roma simplemente presentaron una ocasión propicia para llevar a cabo dicho proyecto.

Dalmática imperial llamada de Carlomagno, conservada en la Basílica de San Pedro, usada en su coronación

La supuesta ignorancia de Carlos seguramente pretendía menguar el recelo que esta consagración habría de provocar en los emperadores bizantinos. Es por otra parte significativo cómo el prestigio de la dignidad imperial había sobrevivido en Europa a la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d. C.).

Estancias del Vaticano, Coronación de Carlomagno, fresco de Rafael, 1516 y 1517

Carlomagno había nacido probablemente en Aquisgrán el 2 de abril del 742, hijo de Pipino el Breve y nieto de Carlos Martel, Mayordomo de Palacio de los reyes merovingios francos. Lo podemos considerar como hijo ilegítimo, pues, aunque no se sabe con certeza la fecha de su nacimiento, ésta es de cualquier manera anterior al matrimonio de Bertrada de Laon y Pipino que tuvo lugar en el año 749.

En el año 751 Pipino destronó al último rey Merovingio y asumió el título real. Cuando éste murió en el 768, el gobierno de sus reinos fue compartido entre sus dos hijos Carlos y Carlomán. La asamblea general de los francos proclamaron a ambos reyes con la condición de repartirse equitativamente el reino.

Carlomagno con su espada y con sus dotes de gobierno, condujo a sus ejércitos francos a la victoria sobre otros numerosos pueblos y estableció su dominio en la mayor parte de Europa central y occidental. En el año 771, a la muerte de Carlomán, Carlomagno se apoderó de sus territorios.  A partir de entonces, sobre esta misma «rota» fueron coronados numerosos emperadores, entre los cuales, Carlos II el Calvo, Lotario I, Ludovico II, Lamberto de Spoleto, Berengario, los Otones, Federico I Barbarroja y Federico II.

Miniatura, siglo XV. Coronación de Federico II por el Papa Honorio III en 1220